Una ruta al corazón de Almería

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Para un pirata, encontrar una cueva para esconder un tesoro ganado en alguna esforzada batalla es fundamental para poder tener un retiro apacible cuando le llegue el cansancio tras recorrer leguas y leguas con su bajel. En Almería he encontrado este mapa de una cueva que nos lleva al mismo corazón de Almería y que, para llegar a él, deberemos salvar diferentes pruebas y divisar lugares como de encantamiento. Vamos allá.

Torres milenarias, alcazaba en colores y palomas
Para iniciar la ruta podemos partir desde el Ancla en el barrio de la Chanca-Pescadería que señala el inicio de la Avenida del Mar, una antigua rambla que nos lleva a divisar en su alto la parte oeste de la Alcazaba y, a sus pies, unas casas adosadas de colores nos ofrece al atardecer una combinación de una plasticidad asombrosa. En la misma avenida, veremos unas torres que parecen de arcilla y que son las que quedan de una fortificación defensiva de la Alcazaba, de una altura considerable, que nos señalan cómo nuestro patrimonio languidece de una manera lamentable. A la vuelta de una de estas torres, pasado el colegio de la Chanca, subimos una empinada cuesta que nos deja de frente a lo que fueron las cuevas de las Palomas cuyo gigantesco mural de Stook nos recuerda su sitio.

Canteras Califales

Canteras Califales

Hacia las Canteras Califales
Pasado el mural, una empinadísima cuesta por la calle de las Palomas nos lleva hasta las canteras califales de Abderramán III que posteriormente continuó nuestro rey más almeriense, Jayrán. Para llegar, llegados a lo alto de la cuesta y sin casas a nuestra vista, podemos tomar un camino de cabras que se inicia al lado de un frondoso pino carrasco o bien, continuamos con la carreterilla que sigue a la cuesta de las Palomas y nos llevará hasta el cerro de las Mellizas, donde están las antenas de telefonía y radio. Desde allí, solo es bajar (Con cuidado, no demos un traspié y acabemos rodando todo el camino hecho desde el Ancla…) y encontrarnos con la maravilla escondida de Almería.

Unas canteras a medidas del califa
La entrada de la cantera es sencillamente espectacular, con las marcas de cantería hechas a escuadra y cartabón y que nos parecen faraónicas por su tamaño. Las piedras calizas sirvieron para realizar la Alcazaba que fue la que hizo ciudad independiente a Almería de Pechina, la antigua capital, ya que a su alrededor se iría creando la medina. Una aire de pirámide flota en el ambiente y en el exterior, la vista de Almeria a vista de pájaro son de esas de quitarnos el hipo. Lo más asombroso de todo que esté abandonado, sin señalizar y a la buena de Dios.

Vista de Almería desde las canteras califales

Vista de Almería desde las canteras califales

Una fundición de plomo y más vista de pájaro
El cerro de las Mellizas, que se encuentra sobre las canteras, dispone de unas vistas del otro lado de la Chanca, con el puerto en toda su perspectiva y que, en una de sus laderas, podemos ver las marcas de otras canteras con el que se construyó edificios emblemáticos como la catedral. En el cerro, una chimenea destaca sobre el suelo calizo y es la de la antigua fundición de plomo de los Heredia, que conserva aún el serpentín abovedado (aunque ya sin techo) que llevaba los gases plomizos para su posterior utilización tras su condensación.

En la Chanca-Pescadería (tanto monta, monta tanto), en la misma rotonda que lleva al puerto pesquero, podemos pararnos en uno de los bares clásicos de Almería, Los Sobrinos, y probar alguna de sus tapas marineras. Muy cerca, ya dentro del puerto, está otro de los restaurantes más emblemáticos en el difícil arte del buen pescado: La Lonja (693 422 513). Muy cerca de la Avenida del Mar, en la calle Lastre, otro de los bares míticos del barrio, Al Haud, ofrece comidas caseras donde el plato de pescado es su estrella. (950 257 357)

Vista de la Alcazaba desde el Cerro de las Mellizas

Vista de Almería desde el Cerro de las Mellizas

Interior de las canteras califales con las marcas de cantero

Interior de las canteras califales con las marcas de cantero

Esta ruta ha podido ser realizada gracias a la inestimable colaboración de Pepe Campoy, del colectivo La Chanca-Pescadería A Mucha Honra

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Sobre el autor

Es el oteador de este galeón pirata. Catalejo en mano, nada más llegar a puerto, se adentra en terreno desconocido para descubrirnos enclaves espectaculares cuya existencia es ignorada, incluso, por los propios lugareños. Tiene el don de retratar en forma de dibujos aquello que ven sus ojos y que otros ni imaginan. Ahora bien, le pierden las fiestas populares y si coinciden con alguna de sus expediciones, su regreso puede durar días.