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El vermut del alquimista

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Si como dicen los gurús de lo gastronómico, el vermut es el nuevo gin tonic, Pepe Cruz, propietario del bar El Sueño del Alquimista, ha hecho los deberes y pasa el examen con nota. Además su vermut casero cuenta una historia. Esta:

Tras 32 años en una empresa de distribución alimentaria y con la charcutería como oficio familiar de generaciones, Pepe Cruz decidió arriesgar y emprender en lo que durante mucho tiempo fue su inquietud y sueño: la cocina. Tras intentarlo con La Borrachería, efímero bar en la calle Real, probó suerte en un local de la calle Pablo Iglesias con un nombre más adecuado a sus tribulaciones: “El Sueño del Alquimista”.

Como le gusta experimentar decidió poner en uso un viejo barril de madera de más de treinta años de antigüedad y procedente de un bar clásico del Poniente almeriense, El Cahete (Berja). Con un vermut comprado a granel probó con diferentes hierbas, especias y tiempos de maceración hasta dar con la fórmula que hoy sirve en su bar. El resultado está gustando a su clientela habitual. Nos revela parte del secreto: Usa un vermut procedente de Montilla (Córdoba) que aromatiza con canela, clavo, pimienta negra y cáscara seca de naranja. El resultado un vermut menos amargo de lo habitual que gusta a los que rechazan esos sabores más extremos.

El propio Cruz nos sugiere maridarlo con cualquiera de los arroces que hace a diario (con pulpo, caracoles, conejo…) Si no eres de arroces, El Sueño del Alquimista presume de cocina tradicional con mucho cariño como ingrediente indispensable. Además de la amplia carta de tapas, te sugieren platos de solomillo al ajo, secreto ibérico, cazón a la plancha, almejas al vapor, setas a la plancha, bocaditos de buey o pimientos asados con atún, entre otros. Los celíacos están de enhorabuena porque gran parte de su cocina se elabora sin gluten, hasta las migas. Con un par.

El Sueño del Alquimista
Pablo Iglesias, 14
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Sobre el autor

Es encargado de dirigir las cocinas de este galeón. De toda la tripulación, es el pirata con el sentido del gusto y del olfato más desarrollado. No hay barco pirata que surque los mares del norte y del sur que tenga mejores menús que los nuestros. Los regentes de las tabernas y mesones que frecuentamos, lo conocen tan bien como él a ellos, por eso, no pisamos un bar sin su consentimiento. Y después de tantas millas de navegación, sus descubrimientos gastronómicos aún siguen sorprendiendo nuestro paladar.