Escapadas de fin de semana: descubre el encanto rural de la Alpujarra almeriense
Cuando pensamos en Almería, lo primero que nos viene a la cabeza son calas, desierto y sol a raudales. Pero a poco más de una hora de la capital hay otra Almería, verde, fresquita y con olor a leña: la Alpujarra almeriense.
Laujar de Andarax, el corazón de la comarca
La capital de la Alpujarra almeriense es parada obligatoria. Aquí nace el río Andarax, y el paraje del Nacimiento es perfecto para pasar la mañana entre castaños, merenderos y senderos. Y si te gusta el vino, estás en el sitio adecuado: Laujar tiene tradición bodeguera y alguna bodega abre sus puertas para catas y visitas.
Desconectar del ritmo urbano y adentrarse en la tranquilidad de la Alpujarra almeriense es uno de los mejores planes para un fin de semana de naturaleza y tradición. Recorrer pueblos pintorescos como Laujar de Andarax o Rágol ofrece la oportunidad de disfrutar de la gastronomía local, senderos naturales y vistas espectaculares a Sierra Nevada. Para aprovechar al máximo la estancia y garantizar el máximo confort, alquilar un alojamiento independiente rodeado de naturaleza marca la diferencia. Utilizar un buscador de viajes simplifica la búsqueda, permitiendo comparar opciones de casa rural con chimenea, piscina privada o barbacoa entre las principales plataformas de reserva en una sola búsqueda.
Pueblos blancos para ir saltando
Fondón, Padules, Canjáyar, Ohanes o Rágol forman una ruta de pueblos pequeños, tranquilos y muy fotogénicos. Ohanes, encaramado a la montaña y cuna de la uva de mesa que lleva su nombre, tiene unas vistas que quitan el hipo, y Rágol es de esos sitios donde el tiempo parece ir más despacio.
A la mesa, que se enfría
La cocina alpujarreña es contundente y sin complicaciones. El plato alpujarreño (patatas a lo pobre, huevo frito, lomo, chorizo, morcilla y jamón) reina en las cartas, pero también merece la pena probar las migas, el choto al ajo cabañil o un buen puchero. De postre, dulces caseros de tradición morisca como los soplillos o los mantecados de Laujar, que tienen fama en toda la provincia. Todo ello, claro, regado con un vino de la tierra.
Senderos con Sierra Nevada de fondo
Buena parte de la comarca se asoma a Sierra Nevada, y eso se nota en la oferta de rutas. Hay caminos cortos junto al río, ideales para ir con peques, y otros más exigentes para quienes van en serio. Los más aventureros pueden atreverse con algún tramo del Sulayr (GR-240), un sendero circular de unos 300 kilómetros repartido en 19 etapas que rodea todo el macizo.
Dormir en el campo, la guinda del plan
Parte de la magia de la Alpujarra está en quedarse a dormir. Despertarte con el silencio del monte, desayunar al sol en la terraza y acabar el día junto al fuego es el tipo de desconexión que no se consigue en una excursión de ida y vuelta. Eso sí, en puentes y fechas señaladas las casas vuelan, así que conviene reservar con tiempo.
¿Lo mejor de todo? Que este rincón lo tienes a un paso de casa. Ya sabéis, piratas: este finde, rumbo a la Alpujarra.

