Historias de la frontera: playa de los Cocedores

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Esta es una ruta para todo pirata que se precie de descubrir nuevas sensaciones pues es que lo tiene todo: playas de ensueño, casas misteriosas, especies únicas y erupciones gigantescas. La playa de los Cocedores es nuestro objetivo y aquí va este mapa para no perdernos ningún detalle. Izad las velas que vamos para allá…!

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Acantilado playa de Los Cocedores

Una cala con encanto
Los Cocedores es un playa que nos encontramos en el mismo límite de Almería con Murcia, entre los términos municipales de Pulpí y Águilas, con su característica forma de herradura provocada por una enorme mole de cenizas volcánicas fosilizadas que le dan esa forma tan original. Al llegar, lo que llama la atención son una especie de balsas con sus muros de piedra que parecen recoger el agua del mar¿Capricho de la naturaleza? No, la mano del hombre tiene su firma: estos eran los cocedores, una zona donde se dejaba “cocer” en el agua salada el esparto para poder dotarle de un blanco especial a sus fibras. Durante unos cuarenta días, pasaban en remojo en aguas que, en el verano, al ser embalsadas, podían fácilmente llegar a los cuarenta grados. Un cocimiento a fuego lento, sin duda y que ya era apreciado desde tiempos de los cartagineses. Ahora, quedan vestigios en sus rocas como son las cuevas que eran utilizadas por los trabajadores y pescadores y, sobre todo, una playa donde no cubre y es ideal para ir con los pequeños piratas de la familia. Podemos quedarnos en el chiringuito de la playa (imprescindible llamar para reservar 607 57 25 02) y tomarnos un arroz con bogavante.

Una erupción especial
Si vas hacia el sur el norte de la playa, cruzarás la invisible frontera provincial y, pegado a las rocas, podrás pasar para contemplar una de las formaciones geológicas más espectaculares de la costa mediterránea por su plasticidad y contraste. Un acantilado de color gris ceniza, donde verás incrustadas enormes rocas que quedaron atrapadas en lo que debió de ser una descomunal erupción volcánica hace millones de años.

La casa de los ingleses
En la entrada del camino hacia los Cocedores y su vecina playa murciana de La Carolina, verás las ruinas de un palacete de extravgante arquitectura que fue construido por unos empresarios ingleses del tiempo de la explotación de las minas de Pilar de Jaravía, a principios del siglo XX. Un mansión colonial con sus amplios y señoriales salones que aún resisten a pesar de su abandono, con su edificio para el servicio y todo, y que tiene la peculiaridad de descansar sobre un inmenso aljibe. Desde allí, puedes observar si miras hacia la vecina playa de las Palmeras los restos del molino que debía de surtir de agua a la casa y, en la montaña que la protege, las canalizaciones para recoger el agua de lluvia.(tenían que ser, muy limpios estos ingleses…)

La playa de las Palmeras
Yendo hacia San Juan de los Terreros, verás la playa de las Palmeras, de más de un kilómetro de longitud y con su palmeral que le da nombre y toque paradisíaco a la vez. También quedan restos de un cocedero y, al igual que las Cocedores, disfruta de la arena dorada tan característica del litoral pulpileño. Si quieres conocer más playas de Pulpí, deberás seguir esta weeky ruta y te serán satisfechos tus deseos.

Un refugio de especies
La zona donde estamos fue un refugio de flora que sobrevivió a las temibles glaciaciones que han asolado el continente. Así, pese a que puedes pensar ante la escasez de superficie arbolada de toda esta zona que estás en un territorio estéril, no es así pues la diversidad de especies de flora es posiblemente una de las más altas de toda la península con numerosos endemismos. Si te acercas al valle de las Azanacas, en la ladera norte de la sierra del Aguilón, podrás ver esa eclosión que nos regala cada primavera especies que son ensimismas toda una rareza botánica.

Pasando la frontera: Águilas
Si hemos ido a los Cocedores podrás conocer la vecina Águilas, un municipio muy conectado con Almería (su ferrocarril a Lorca para en Pulpí, no te digo más) y que te espera lugares muy interesantes que ver:

Castillo de San Juan: (s.XVIII), hermano de las baterías defensivas que vigilaban la costa levantina Allí esta el Centro de Interpretación de la Historia y es muy recomendable subir a él a pie por la calle Murillo pues en su alto, nos regala unas vistas panorámicas de la costa verdaderamente admirables.

Embarcadero del Hornillo: pasado el núcleo urbano, te sonará el embarcadero de mineral con aires a nuestro querido Cable Inglés. Es el embarcadero de El Hornillo, de 168 metros de longitud y que se eleva 10 metros sobre el mar y que fue el muelle donde cargaban los barcos el mineral de hierro de las minas de Bacares y Serón que transportaba el ferrocarril del Almanzora. Ahora, es un lugar restaurado y visitable donde poder descubrir en sus mismas tripas cómo era semejante obra de ingeniería.

Plaza de España: es su peculiar centro neurálgico y su bello jardín custodiado por cuatro gigantescos Ficus centenarios. Lo rodean casas y palacetes modernistas y la iglesia de San José, sufragada por los los obreros de las fundiciones de galena argentífera que existían en Aguilas en el siglo XIX.

Paseo marítimo: las playas de Aguilas son de arena renovada y de grandes extensiones y en su playa de poniente está uno de los lugares donde no podrás fallar si vas a comer: El Faro. Calidad (¡esa brasa!) y buen precio son sus atractivos.

Y si esta excursión te ha gustado, no te olvides el trato pirata: difúndelo en las redes y lleva el pabellón pirata de weeky por donde tu vayas.

Valle de Azacana

Valle de las Azanacas

Castillo de San Juan (Águilas)

Castillo de San Juan (Águilas)

Restaurante El Faro
Calle Jose María Pereda, s/n (Playa de Poniente)
30880 Águilas Murcia‎
968 41 28 83

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Sobre el autor

Es el oteador de este galeón pirata. Catalejo en mano, nada más llegar a puerto, se adentra en terreno desconocido para descubrirnos enclaves espectaculares cuya existencia es ignorada, incluso, por los propios lugareños. Tiene el don de retratar en forma de dibujos aquello que ven sus ojos y que otros ni imaginan. Ahora bien, le pierden las fiestas populares y si coinciden con alguna de sus expediciones, su regreso puede durar días.