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Teatros míticos almerienses que se amoldan a los nuevos tiempos

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No hace falta ser un gran fan del mundo del teatro para albergar sentimientos gratos hacia dos templos de las tablas que llevan décadas animando las noches y los días en la ciudad de Almería. Me refiero al teatro Apolo, por un lado, y al teatro Cervantes, por otro, dos céntricos reclamos culturales que, además de miles de funciones teatrales, han acogido también toda clase de eventos cinematográficos y espectáculos cómicos.

Fachada principal del Apolo.

Fachada principal del Apolo.

TEATRO APOLO

Aunque no está clara la fecha oficial de inauguración, hay constancia de que, en 1882, acogió una función de Rafael Calvo. Desde entonces, ciento treinta y tres años nos contemplan de comedias, tragedias, dramas y jolgorios varios, que ahí es nada. Es verdad que el edificio ha sufrido varias reformas a lo largo de los años, y que el actual teatro Apolo se asemeja al original tanto como un huevo a una castaña, pero también es cierto que todavía conserva un aire de grandeza artística -a pesar de su pequeñas dimensiones, con un aforo inferior al medio millar de localidades- difícil de encontrar en otras construcciones de la ciudad.

El teatro Apolo se encuentra en la calle Obispo Orberá (junto a la EMMA), y a pesar de haber dejado de ser la sede del Cineclub (se están ejecutando nuevas reformas), acoge otros eventos alternativos, como el festival de música en directo ‘Rock in Lei‘.

El Cervantes, majestuoso.

El Cervantes, majestuoso.

TEATRO CERVANTES

Junto al Paseo de Almería, en pleno centro de la ciudad, el edificio del teatro Cervantes acoge, asimismo, las dependencias del Círculo Mercantil, además de locales de ocio como el Burana. El Cervantes se inauguró en 1921, y desde entonces ha sabido preservar su característico clasicismo ecléctico. Al igual que el Apolo, el Cervantes hace las veces de teatro y cine, además de acoger otro tipo de espectáculos, como la recomendable ‘Noche Canalla‘.

Después de años y años de abandono y olvido (largo rato perduraron desconchones y humedades en las fachadas, así como otros desperfectos en el interior) se rehabilitó y adecentó, devolviéndole buena parte de la luz con la que brilló cuando nuestros abuelos empezaban a gatear.

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Sobre el autor

No hay cantina de ningún puerto donde este pirata no haya fondeado. Gran experto en la navegación nocturna, tiene una visión prodigiosa para avistar garitos en los que poder echar unos buenos tragos de ron. Su instinto innato para la fiesta nos lleva a los lugares más insólitos. Disfruta tanto de la noche como del día y cuando los primeros rayos de sol entran por los camarotes, este pirata se pone sus mejores galas para pasear por museos, librerías, exposiciones y salas de arte.