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La Ruta, tapas únicas

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La Ruta no llama la atención. Es un discreto bar disfrazado de cafetería que se agazapa junto al tráfico de la Carretera de Ronda y que abrió sus puertas en enero de este año. La primera vez que entré, a principios de verano, puse en marcha todas las alertas posibles, como cada vez que llego a un bar con una carta que supera las 40 tapas.

Cartas demasiado largas siempre me hacen albergar dudas sobre la rotación del stock, la calidad y la capacidad de gerencia y de decisión de los responsables de un negocio de hostelería. Además, en Almería, los bares con tantas tapas suelen abusar de productos congelados y de IV y V Gama.

Pero después de unas pocas visitas a La Ruta es fácil descubrir que este bar esconde interesantes tesoros. Sus dos pilares fundamentales son las carnes ibéricas frescas a la brasa (costilla, abanico, lagarto, secreto y látigo) y el pescado del día (en la pizarra que se renueva a diario). Las primeras las consigue en La Dehesa Gastronómica. Los pescados en el Mercado Central de Almería. Compran siempre la cantidad justa y cuando se acaba se ha acabado.

Esta apuesta por la calidad se entiende al hablar con Antonio Hernández, el propietario de este negocio familiar. Como tantos otros bares nuevos es fruto de la crisis. Antonio llevaba toda la vida en el negocio de la venta de coches. De su experiencia en el sector del automóvil se ha traído a la barra del bar alguna de sus máximas: “Calidad es dar al cliente lo que le estás ofreciendo”. Aunque reconoce que está aprendiendo el negocio de la hostelería a fuerza de palos, tiene un optimismo contagioso y pone al cliente en el centro de todas las decisiones, algo que deberían aprender algunos hosteleros de toda la vida.

Uno de sus retos es sorprender siempre a la clientela fiel con algo nuevo. El que escribe ya se ha sorprendido gratamente al encontrar en La Ruta tapas que no verás en muchos otros bares, como por ejemplo: pulpo seco, armaos, cigalas, pinchos de cordero o hamburguesas con carne Black Angus. Sencillez máxima. Vuelta y vuelta.

Es un lugar ideal para ir en grupos pequeños que repartan sus gustos entre carne y pescado fresco. Los vegetarianos más estrictos tienen pocas opciones, como en la mayoría de bares de tapas de Almería. La mayoría de su carta pasa por las brasas (vegetal, de encina), la plancha o la freidora, pero también hay algunas opciones de cocina y tostas variadas. Entre las raciones yo apostaría por las carnes ibéricas a la brasa y el marisco del día.

Clientela eminentemente familiar que llena el pequeño local los fines de semana. Los días de concierto en el cercano Pub Alabama se dejan ver por allí músicos y su público. Entre semana más tranquilo y acogedor.

La carta de vinos es discreta y modesta, pero denota preocupación por ofrecer un mínimo de calidad a los aficionados al vino. Los bebedores de cocacolas y otros jarabes están de enhorabuena porque en La Ruta los refrescos van con tapa, una práctica inteligente cada vez más extendida. También abren para desayunos.

¿Las pegas? La extracción no da para más y en ocasiones te llevas algunos olores al siguiente destino. Por otro lado, la ejecución en cocina tiene altibajos pero en general dan la talla y sacan partido a su buena despensa. El servicio es correcto, sin florituras y con alguna saturación razonable los días fuertes.

En resumen, sin ser un bar de 10, me ha convencido por su honesta apuesta por la calidad (que espero que dure) y por esas tapas que ya nadie tiene. Los fallos se les perdonan porque se nota que ponen mucho esfuerzo en mejorar cada día. Uno de los descubrimientos de 2014.

Café Bar La Ruta
Carretera de Ronda 151
Teléfono 950 62 54 23
Cierra domingos noche
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Sobre el autor

Es encargado de dirigir las cocinas de este galeón. De toda la tripulación, es el pirata con el sentido del gusto y del olfato más desarrollado. No hay barco pirata que surque los mares del norte y del sur que tenga mejores menús que los nuestros. Los regentes de las tabernas y mesones que frecuentamos, lo conocen tan bien como él a ellos, por eso, no pisamos un bar sin su consentimiento. Y después de tantas millas de navegación, sus descubrimientos gastronómicos aún siguen sorprendiendo nuestro paladar.