El ‘Vértice’ prueba que los buenos garitos nunca pasan de moda

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Si no eres habitual de la noche almeriense, a lo mejor se da la circunstancia de que has atravesado las Cuatro Calles del centro de Almería y, al subir por la calle Eduardo Pérez para llegar hasta la plaza de la Catedral, te has topado con un montonazo de gente -universitarios y treintañeros- a las puertas de un pequeño local de copas y música conocido como ‘Vértice‘. No te sorprendas si esto te pasa porque, sobre todo de un tiempo a esta parte, este pub rockero y underground se llena hasta la bandera, y como la inmensa mayoría de los clvertientes somos fumadores, el ambientazo que gana la entrada del pub Vértice es colosal cada fin de semana.

Pero ojo al parche, porque abre todos los días desde las 15.30 hasta bien entrada la oscuridad de la noche, y así viene siendo desde hace más de 25 años. De hecho, para festejar el cuarto de siglo de vida, el Vértice ofreció una de las fiestas más divertidas que se recuerdan por las Cuatro Calles. Hasta Fito (el de Platero) me daría la razón.

¿Y qué tiene el Vértice para que un servidor lo frecuente con sumo gusto? Amén del buen rollito camareros-clientes y la buena música (probablemente y junto al Vhada, no hay otro mejor en este sentido en todo el centro almeriense), una de las cosas que más llaman la atención es la decoración pirata que se han currado a lo largo de los años. En este local, no hay centímetro de pared que carezca de posters, fotos o motivos relacionados con el cine (Scarface, La Naranja Mecánica…), la música (Bob Dylan, The Who, The Cure…) y incluso momentos deportivos históricos (el histórico podium de los JJOO de México 1968 con el célebre “Saludo del Poder Negro”). Y hablando de deportes, no me olvido de la gran pantalla del Vértice, en la que suelen ofrecer cualquier evento deportivo de renombre.

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Sobre el autor

No hay cantina de ningún puerto donde este pirata no haya fondeado. Gran experto en la navegación nocturna, tiene una visión prodigiosa para avistar garitos en los que poder echar unos buenos tragos de ron. Su instinto innato para la fiesta nos lleva a los lugares más insólitos. Disfruta tanto de la noche como del día y cuando los primeros rayos de sol entran por los camarotes, este pirata se pone sus mejores galas para pasear por museos, librerías, exposiciones y salas de arte.